semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

Carta del niño al hombre

Construiste palacios que causan admiración a la Tierra; entre tanto, si me dejas a la intemperie porque me faltan medios para pagar hospedaje, probablemente durante la noche me helaré de frío.

Multiplicaste los graneros de frutos y cereales de modo de garantizar tus propias riquezas; sin embargo, si me niegas un lugar en la mesa porque carezco de dinero para pagar el pan, me temo que moriré de hambre.

Erigiste universidades maravillosas, pero si me cierras la puerta de la educación porque no dispongo de una llave de oro, temo caer en el crimen sin notarlo.

Creaste hospitales gigantescos; no obstante, si no me defiendes de las garras de la enfermedad porque no te muestro una tarjeta de crédito, descenderé muy temprano al torbellino de la muerte.

Proclamas el bien como base de la evolución; aún así, si no eres paciente conmigo porque yo te desprecio, probablemente hoy mismo he de caer en la celada del mal, como un ave desprevenida cae en el lazo del cazador.

En nombre de Dios al que dices amar ¡compadécete de mí!…

Ayúdame hoy para que yo te ayude mañana. No te pido lo máximo que tal vez alguien vaya a pedirte, en mi beneficio…

Ruego nada más que lo mínimo de lo que estás en condiciones de darme, para que yo pueda vivir y aprender.

MEIMEI

Extraído del libro “El espíritu de la verdad”

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La Educación

Educa al terreno y tendrás el harto pan.

Educa al árbol y recibirás la bendición de la abundancia.

Educa a la minería y obtendrás la utilidad de alto precio.

Educa a la arcilla y plasmarás el vaso noble.

Educa a la inteligencia y alcanzarás la sabiduría.

Educa a las manos y acentuarás la competencia.

Educa a la palabra y cosecharás simpatía y cooperación.

Educa al pensamiento y te conquistarás a ti mismo.

Sin el alfabeto anochece el espíritu.

Sin el libro fallece la cultura.

Sin el mérito de la lección, la vida sería animalidad.

Sin la experiencia y la abnegación de los que enseñan, el hombre no rompería las fajas de la infancia.

En todas partes, vemos la acción de la Providencia Divina, en el perfeccionamiento del Alma Humana. Aquí es el amor lo que edifica. Además, es el trabajo lo que perfecciona. Más adelante es el dolor que regenera. Mis amigos, la Tierra es nuestra escuela milenaria y sublime.

Jesús es Nuestro Divino Maestro. El espiritismo sobre todo, es obra de educación. Hagamos de la educación con Cristo, el culto de nuestra vida, para que nuestra vida pueda educarse y educar como el Señor, hoy y siempre.

Espíritu: Emmanuel
Médium: Francisco Cândido Xavier

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Padres e hijos

El momento de tener hijos es uno de los más importantes de nuestra vida. Un mundo nuevo se abre para los recién estrenados papás, lleno de alegrías y responsabilidades. Es muy importante tener claro cuáles son nuestros deberes para con estos pequeños.

En los días en los que vivimos todo es muy rápido. Los papás y las mamás trabajan sin tener, desgraciadamente, todo el tiempo que desearían para poder dedicar a sus hijos. A esto se le suma el cansancio de después de trabajar, los agobios, las preocupaciones, etc. Sin darnos cuenta nos vamos metiendo en un bucle que desgraciadamente tiene una consecuencia muy grave: La falta de atención hacia nuestros hijos.

Cuántos hijos tendremos, quienes serán nuestros hijos, a qué edad nacerán… son decisiones muy importantes que asumimos antes de comenzar esta nueva encarnación. Muchas veces, nuestros hijos son amigos del pasado que vienen a ayudarnos y acompañarnos en esta vida para superar juntos las dificultades que nos harán aprender y evolucionar. Otras veces son enemigos encarnados para que dentro del núcleo familiar podamos solucionar, a través del cariño, los conflictos contraídos en vidas anteriores.

Una de las responsabilidades mayores que tenemos como padres es la de educar a nuestros hijos. Y digo educar, no instruir. Está claro que como padres queremos lo mejor para ellos y que haremos todo lo posible porque nuestros hijos estudien y se hagan personas cultas, con un porvenir mejor que el que nosotros tuvimos o al menos igual. Cuando hablo de educar me refiero a formarles dentro de unos valores de responsabilidad, de ayuda a los demás, de humildad, de comprensión… en resumen, de amor hacia sí mismos y hacia el prójimo. Aunque la instrucción y la educación son dos ramas que deberían ir parejas, lamentablemente la segunda tendemos a darle menor importancia e incluso, en algunos casos, ninguna.

La falta de atención hacia nuestros niños nos lleva ineludiblemente a la falta de educación. El problema mayor llega cuando estos pequeños se hacen adolescentes, se sienten solos, incomprendidos y lo peor, sin confianza en sus padres para poder apoyarse cada vez que se sienten en alguna dificultad. Esto conlleva una falta de comunicación y a las continuas quejas por parte de los adultos sobre el mal comportamiento de los jóvenes, sin pararnos a pensar que a estas alturas de la carrera no podemos exigir que nuestro niño “desatendido” sea un niño modelo que estudie, sea obediente, no conteste, etc. y convirtiéndose esta situación en una pescadilla que se muerde la cola. Siempre he pensado que es mejor prevenir que curar, por lo que vamos a hablar de la importancia de la educación.

El espiritismo nos dice que todos somos espíritus inmortales, con un pasado, un presente y un futuro. Tenemos libre albedrío y esta misma capacidad de tomar decisiones es la que nos hace, en muchas ocasiones cometer errores, hacer daño a las personas de nuestro alrededor, etc. Gracias a la reencarnación es que podemos subsanar y corregir todas esas equivocaciones que cometimos en vidas pasadas debido a nuestras imperfecciones morales. Todos, absolutamente todos los espíritus que vuelven a la vida corporal lo hacen con la finalidad de mejorarse y evolucionar y la delicadeza de la edad infantil nos torna moldeables y accesibles a los consejos de la experiencia y de los que deben hacernos progresar, principalmente nuestros padres. En la infancia del cuerpo, el espíritu encuentra la oportunidad de renovar las bases de su propia vida.
Los primeros siete años de vida son fundamentales dentro de la educación de nuestros niños. Hay que tener en cuenta que al nacer, aún su espíritu no está completamente ligado al cuerpo, por lo que son más susceptibles para aprender cosas nuevas y de esta manera integrarlas dentro de sí mismos para que cuando llegue la adolescencia y por supuesto la etapa adulta, puedan enfrentarse a los problemas con una mayor seguridad. Pasado este tiempo es mucho más difícil, ya que el espíritu se integra completamente dentro del cuerpo físico y sale a la luz su verdadero carácter, con sus virtudes y sus defectos traídos de la experiencia de sus vidas anteriores. Si llegado a la etapa adolescente no hemos conseguido inculcarles valores morales, bases del sentimiento y del carácter, que les hagan discernir entre lo que es correcto y bueno para ellos, de lo que está equivocado, será la propia vida con sus pruebas las que les hará aprender de una manera más violenta y desagradable, ya que no poseerán las herramientas necesarias para poder enfrentarse a ella. Fuera, en la calle, en el colegio, universidad…nuestros hijos se instruyen, pero sólo dentro del hogar es que se educan. Fuera ellos oyen lo que deben hacer, en casa ven cómo se hace, siguiendo siempre como ejemplo la conducta de sus padres. La sociedad está en condiciones de formar al ciudadano, pero sólo dentro del núcleo familiar se puede formar al hombre.

Desde que nacen hasta que pasan la adolescencia necesitan de toda nuestra atención, cariño, tiempo, dedicación y sobre todo necesitan de nuestro ejemplo.

El espiritismo es muy claro referente al tema de la educación. En “El Libro de los Espíritus”, obra primordial dentro de la doctrina, podemos encontrar observaciones muy interesantes acerca de la cuestión:

Prg. 208- “Los Espíritus de los progenitores ¿no ejercen influencia sobre el del niño después del nacimiento de éste?

– Tienen una influencia muy grande. Como ya dijimos, los Espíritus deben contribuir a su progreso recíproco. Pues bien, los de los padres tienen por misión desarrollar el de sus hijos mediante la educación. Para el Espíritu del padre es esta una tarea: si falla, será culpable.”

Prg. 582. ¿Se puede considerar a la paternidad como una misión?

– Es, sin disputa, una misión. Se trata al mismo tiempo de un deber muy grande y que compromete, más de lo que el hombre cree, su responsabilidad para el porvenir. Dios ha puesto al hijo bajo la tutela de sus padres para que éstos lo encaminen por la senda del bien, y facilitó su tarea dando al niño una organización frágil y delicada, que lo torna accesible a todas las impresiones. Pero hay quienes se ocupan más en enderezar los árboles de su huerto y lograr que den muchos y buenos frutos, que en corregir el carácter de su hijo. Si éste sucumbe por su culpa, a ellos corresponderá la pena, y los sufrimientos del niño en la vida futura recaerán sobre los padres, porque no habrán hecho lo que de ellos dependía en pro del adelanto del hijo por la senda del bien.

Prg. 583. Si un niño se vuelve malo a pesar de los cuidados de sus progenitores, ¿son éstos los responsables?

– No, pero cuanto peores sean las disposiciones del niño, más pesada resultará la labor y mayor será el mérito si los padres logran apartarlo del falso camino.
Indiscutiblemente, la educación de nuestros hijos no es un trabajo sencillo, pero sí debe ser algo prioritario en nuestras vidas. De ello depende que nuestra sociedad sea más justa, honesta y responsable. En estos días que tanto y tanto se habla de crisis, no nos paramos a pensar que la crisis mayor que hoy en día existe es la crisis del carácter, causante de todas las demás. Este momento necesita la acción de mujeres y hombres morales, justos y responsables. Es imprescindible reformar a la sociedad y la manera más efectiva es educando a nuestros niños y jóvenes, que son el futuro.

Yolanda Durán.
Coordinadora dpto. Infanto-Juvenil de la Federación Espírita Española.

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Érase una vez…. Hippolyte Léon Denizard Rivail

Hace mucho tiempo atrás… nació un niño, el día 3 de octubre de 1804, en un país llamado Francia, muy lejos de aquí, en la ciudad de Lyon. Recibió el nombre de Hippolyte Léon Denizard Rivail, un nombre difícil porque el era francés.

El niño creció educado, inteligente y bueno.

A los diez años de edad sus padres lo mandaron a otro país – Suiza – a la ciudad de Yverdun, para perfeccionar sus estudios. Yverdun era un punto de reunión para los niños de varias partes del mundo, pues se trataba de la mejor escuela de la época. Era la escuela de la fraternidad, que cuidaba que los niños y los jóvenes se convirtieran en hombres responsables y útiles a la sociedad.

Rivail se convirtió en un gran profesor. Cuando se fue a vivir a la ciudad de Paris, capital de Francia, empezó a enseñar en su casa, gratuitamente a muchos jóvenes que no tenían condiciones de pagar una escuela.

El profesor Rivail, por haber estudiado mucho, aprendió y hablaba muchas lenguas, además del francés, su lengua natal.

Alrededor del año de 1831, se dio un episodio feliz en su vida. Conoció a Amélie Gabrielle Boudet, con quien se casó un año más tarde. Ella también era profesora.

El y la esposa trabajaban bastante. Entre otros quehaceres, él escribía libros de estudio para las escuelas. De esta forma se hizo un hombre conocido y respetado.

Cuando tenía 50 años de edad, a través de un amigo, supo que había cosas extrañas que venían ocurriendo en la ciudad. Decía el amigo que, en determinada reunión que asistía, los objetos se movían y una mesa llegó incluso a hablar.

El profesor Rivail, acostumbrado al estudio, a la investigación, lo encontró muy extraño pero, después de que el amigo insistiera mucho, decidió asistir a una de las reuniones.

Allí, Rivail vio por primera vez el fenómeno de las mesas que se movían solas. Objetos diversos como vasos, flores y sombreros se movían en el aire, sin ninguna ayuda.

Después, el profesor se quedó pensando que, si no eran las personas que se encontraban reunidas, las causantes de aquello, debía haber una causa. Y se puso a investigar. Empezó a frecuentar, con asiduidad, las reuniones semanales, dispuesto a descubrir lo que había detrás de todo aquello.

Para hablar con la mesa, había un método especial. Cuando la mesa daba un golpe, con uno de los pies, quería decir no, dos golpes, si. Después se fabricó un alfabeto con un golpe para la primera letra del alfabeto, dos para la segunda y así en adelante. Más tarde, para hacerlo más rápido, alguien iba diciendo las letras del alfabeto en voz alta y la mesa, con un golpe, señalaba la letra deseada. Por medio de tales golpes, se podía establecer una  conversación con la mesa, obteniendo respuestas a preguntas.

Fue así que, cuando Rivail preguntó quien movía la mesa, recibió la respuesta:

–       Somos los espíritus.

Continuando con el diálogo a través de los golpes, los espíritus informaron que no eran sino las almas de los hombres que ya habían dejado el cuerpo físico. No eran fantasmas. Tan sólo que no tenía el cuerpo físico. Habían muerto, como se dice vulgarmente.

De la misma forma, el profesor Rivail supo que las personas, al morir, continúan viviendo, solo que con otro cuerpo. Y también le dijeron que él ya había vivido otras veces y en una de sus vidas anteriores se llamó Allan Kardec.

Continuó haciendo preguntas, anotando las respuestas, volviendo a preguntar, anotándolo todo, comparando, estudiando, el profesor Rivail reunió, todas las enseñanzas dadas por los espíritus en un libro: “El Libro de los Espíritus”, que publicó. Como él era muy conocido por los libros que escribió como profesor, y no deseaba poner su nombre en una obra que no le pertenecía, ya que era la enseñanza de los espíritus, puso el nombre de “Allan Kardec”, con el cual nosotros lo conocemos.

El Espiritismo es, pues, la doctrina revelada por los espíritus y reunida, en forma de libro, por Allan Kardec.

Allan Kardec desencarnó el día 31 de marzo de 1869.

Su esposa todavía vivió algunos años y continuó trabajando, hasta el día de su desencarnación, por la propagación de la Doctrina Espírita.

Bibliografía: Apostilla de Evangelización Infantil

                     Federación Espírita de Paraná

                     1º Ciclo de Infancia – Unidad V = Espiritismo

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Diferencial de la enseñanza espírita para niños

Para alcanzar su objetivo de transformación de las almas, la Educación Espírita carece de metodología apropiada.

Uno de los grandes errores, comunes en las actividades de Evangelización y Educación Espírita promovidas por los centros, es no observar la metodología espírita al abordarse contenidos espíritas.

El Espiritismo es una doctrina de llamada a la razón, una visión de mundo y de vida basada en una filosofía racional, cuyas consecuencias pueden ser experimentadas y comprobadas. Esta experimentación incluye observaciones que pueden ser hechas en eventos externos, pero también sentidas y rememoradas íntimamente, cuando lo que la Doctrina enseña confirma aquello que ya vimos o vivimos.

La enseñanza y aprendizaje del Espiritismo para niños es diferente de la enseñanza y aprendizaje religioso. No se trata de aprender normas, preceptos e interpretaciones de textos, sino de incorporar una visión de uno mismo y del significado de la vida, que les permita el discernimiento necesario a las diversas situaciones con que se deparan.

La enseñanza religiosa acostumbra a ser impositiva, es decir, pide aceptación de verdades compartidas por el grupo, sin posibilidad de reflexión o contestación. Se aprende, por ejemplo, que es necesario cumplir determinado rito para pertenecer al rol de los hijos de Dios, y tal hecho no ofrece opción a no ser de concordancia si se pretende pertenecer a los cuadros de sus adeptos.

Al contrario, no se espera que el niño espírita aprenda a creer en Dios o en la inmortalidad porque el Espiritismo lo enseña así, sino porque reflexionó, confrontó con la lógica y los hechos, sintió en su corazón y reconoció en su propia experiencia la imposibilidad de que no sea así, asimilando este concepto a su visión de la vida.

Por ello, la enseñanza espírita va mucho más lejos de aquello que el educador pueda compartir verbalmente con su conocimiento, sino que pide creación de estrategias y oportunidades donde cada educado levante sus propias hipótesis, cuestione  y saque sus propias conclusiones.

Por eso, la enseñanza espírita pide hechos del mundo, de la ciencia y de la sociedad que demuestren la universalidad de las leyes que la Doctrina Espírita va revelando. No se puede proporcionar de hecho la comprensión y la posibilidad de vivencia del Espiritismo, cuando él aparece distante o separado de la realidad que él mismo llega a comprender, y con la cual también ayuda a lidiar.

La enseñanza espírita busca el esclarecimiento espiritual, y no la diseminación de esta o aquella visión religiosa o práctica de devoción. Este esclarecimiento se da a partir de la observación y experimentación individual y colectiva, de la reflexión e interiorización de principios cuya veracidad si es capaz de comprender por si mismo, siempre en la medida del desarrollo intelectual y moral.

Rita Foelker

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Curso de preparación de educadores de infancia y juventud

Hola amigos,

Vamos a dar un pasito más hacia delante en nuestro Proyecto “Semillas del Futuro”. Para ello, os proponemos que todos aquellos que lo deseéis vengáis a participar de este interesante curso de preparación de futuros educadores espíritas de infancia y juventud.

El curso, que consta de cinco módulos, se impartirá en la sede de nuestra Asociación, todos los viernes del mes de junio de seis a siete de la tarde.

Como decíamos en el post anterior, basta desearlo. No es preciso ser papás tan solo han de gustaros los niños y tener sensibilidad para con ellos. Así que estáis todos invitados.

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Una bella jornada

Buenos días, queridos amigos,

Como sabéis ayer jueves, a las 19:00, disfrutamos en el C.E. LEÓN DENIS de la conferencia impartida por nuestra querida Claudia Werdine: “LA PROPUESTA DE LA DOCTRINA ESPÍRITA PARA LA EDUCACIÓN”.

Para todos nosotros fue un día de fiesta, pues estábamos dando un pequeño gran paso para impulsar el proyecto “SEMILLAS DEL FUTURO” en nuestro centro, presentándolo a padres, futuros educadores, amigos y compañeros de tarea.

Ciertamente no hay como resumir los sentimientos de emoción, ilusión y alegría que albergábamos y que Claudia supo acrecentar con su sencillez, profundo conocimiento y su dilatada experiencia como educadora infanto-juvenil.

Nos sentimos muy felices percibiendo las suaves vibraciones que envolvían el ambiente incentivándonos a proseguir con la tarea para la que hemos sido convocados.

Durante la charla hablamos del compromiso ineludible que tenemos como padres, espíritas, más sobre todo, como espíritus inmortales y comprometidos, de colaborar, ofreciendo lo mejor de nosotros mismos, en la transición planetaria a través de la educación de las nuevas generaciones. Para ello, nosotros también debemos comenzar cuanto antes nuestro propio proceso educativo transformando nuestros pensamientos,  y sobre todo los sentimientos, direccionándolos hacia el bien, la caridad y el amor. Para educar antes debemos educarnos pues es solo a través de la experiencia propia que podremos transmitir con sinceridad aquello que ya sabemos.

Claudia nos mostró la notable diferencia entre instrucción, que apela directamente a aquellos contenidos que alimentan nuestro intelecto, y la educación que pone el énfasis en la transformación moral del ser humano.

Como padres tenemos la gran responsabilidad de hacer de nuestros niños, sobre todo y ante todo, hombres y mujeres de bien, estimulándolos para la comprensión de las realidades del espíritu, la inmortalidad del alma, preparándolos así para afrontar todo aquello que la vida pueda ofrecerles en el futuro con equilibrio. En nuestros días resulta imperioso resaltar el valor de la virtud, ayudándoles pacientemente a descubrir los potenciales del alma, ofreciéndoles espacio para desarrollarlos y emplearlos en su propio crecimiento y evolución, siguiendo las enseñanzas contenidas en el Evangelio que nos dejó nuestro Maestro Jesús.

Como espíritas estamos obligados a poner a disposición de nuestros niños los medios de los que disponemos así como la doctrina consoladora cuya función principal es la trasformación moral de cada uno de nosotros.

Siendo el centro espírita una escuela para las almas, que mejor lugar que éste para comenzar la siembra en estos espíritus que Dios ha tenido a bien poner en nuestras manos. Convenimos que solo así será posible que dé comienzo ese proceso transformador que hará de nuestras familias, hogares y sociedades mejores lugares para el desarrollo y crecimiento del ser humano y por ende un mundo mejor, un mundo más feliz. Ese es por lo tanto nuestro principal objetivo. No pretendemos hacer espíritas, pretendemos formar hombres y mujeres de bien para un futuro más favorable.

Como ya hemos señalado es preciso que nosotros estemos convenientemente formados. El educador debe tener conocimiento teórico y práctico de todo lo que la Doctrina Espírita nos ofrece. Y digo práctico, ya que conocer la Doctrina no significa haberla interiorizado y vivenciado. El verdadero espírita es aquél que vive la doctrina y llevar las enseñanzas evangélicas a todas las áreas de su vida cotidiana. Además, claro está, ha de tener habilidades para trabajar con los niños, estar abiertos a aprender con ellos y a crecer, porqué no, a la par que ellos.

Nuestros niños, encarnados y desencarnados aprenderán en las aulas a través de dinámicas, juegos, música, etc., etc., preciosos valores sobre sí mismos y sobre el mundo que les rodea.

Cabe destacar que no se trata, como algunos pueden pensar, de una catequesis, en las que se les obliga a aprender ciertas cuestiones olvidando por completo la necesidad del raciocionio y de la vivencia práctica . Es más que eso, se trata de darles herramientas para descubrirse así mismos y valorarse, aceptarse y amarse tal y como son.

El siguiente paso de este proyecto será preparar a los posibles educadores. Todos los viernes del mes de junio, de seis a siete de la tarde, estaremos llevando a delante este cometido del que tendréis enseguida más información. A estas clases puede acudir todo aquel que lo desee independientemente que sea o no padre.

Para finalizar quiero dejaros la lectura con la que abrimos la charla de ayer. Dicha lectura es para la meditación de todos nosotros.

Queremos agradeceros las expresiones de ánimo, de aliento, y, sobre todo, la ilusión que nos estáis manifestando e invitaros, si así los sentís a acompañarnos en esta andadura.

Un abrazo desde nuestro corazón,

AYUDEN A LOS PEQUEÑITOS

Mientras gorgojean coloridos pájaros por el espacio azul, hay otros que, heridos, caídos de los nidos, están a merced de la buena voluntad de quien los encuentra, o encontrarán, o contarán con la pesada carga de otros animales que les ofrecerán peligros.

           Hay tantas aves que pían por las campiñas o que revolotean sobre los jardines en flor, exhibiendo la belleza de su plumaje y, engalanadas, danzan en plena corte.

          Hay, por otro lado, aquellos pajaritos retenidos, enjaulados, limitados, cuyos matices no se exhiben en los espacios, y que no tienen la libertad de besar el Sol o de disfrutar de los vientos que soplan bajo los cielos azules.

         De la misma forma que encontramos aves libres y ligeras, así como otras reclusas y limitadas, encontramos a los niños.

         Existen tantos hogares-jaula, hogares-prisión, hogares-opresión, en contraste con pocos hogares-jardín, hogares-bosque exuberantes, hogares-azul cielo. Los primeros son los que reprimen, que ven solamente el lado sombrío de todo, que mutilan el carácter, que inhiben la creatividad, que manchan la pureza o que perturban el alma infantil, con la impericia o mala voluntad de los adultos que los manejan, mientras que los segundos son lo hogares como Dios desea para Sus hijos recién llegados a las experiencias corporales: hogares que observan, que progresan, que corrigen, que cooperan para el éxito, que incentivan el bien, que valoran las felices conquistas, en fin, que dejan crecer a los pequeños.

Existen niños que esperan que algún amigo o vecino pueda rescatarlos de los tentáculos de sus propios nidos, que los devoran, poco a poco; hay otros, sin embargo, afligidos ante la perspectiva o la actuación de la violencia, ansiosos, neurotizados. Algunos otros, deprimidos por el abandono a que son relegados, esperan, desesperanzados lo que el mañana les traerá.

Pensemos en esos pequeños, tal como pensamos en nuestros pájaros, en nuestras aves que corren el riesgo de extinción, y tratemos de presentarlos con la contribución del acompañamiento maduro y afectuoso de la asistencia escolar, de la formación moral noble y segura, de las horas lúdicas constructivas, a fin de que los ayudemos a superar la infancia difícil, la niñez en peligro, tal como lo acostumbran a encontrar al llegar a la Tierra.

Será muy importante evitar llenar la mente infantil con los productos de la perturbación común de los adultos, sea la torpeza del palabreado, extravagante y obsceno, así como de las noticias criminales y asustadizas. Que les guardemos del exceso de actividades que no les den la oportunidad de vivenciar su infancia. Para el niño deberá haber hora para todo, para la escuela y para el juego, para el alimento y para el sueño, para la fiesta y para la vivencia consigo misma, sin que una actividad no comprometa a otra, y para que aprenda a coordinar su tiempo, a disciplinarse, forjando los días de armonía y de madurez hacia los futuros caminos.

Con Jesús, nuestro niño estará amparado, instruido y abrigado, si nos disponemos a darle el nido de nuestros propios brazos y de nuestros corazones, enderezando las ramas de nuestra lúcida inteligencia, como lo haría el Divino Maestro, que rogó para que nadie impidiese llegar hasta Él a los niños.

 Clélia Rocha

Mensaje psicografiado por el médium Raúl Teixeira, el 08-02-2005, en la hacienda Recreio, Pedreira-SP


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El culto del Evangelio en el Hogar

“La cuna doméstica es la primera escuela y el primer templo del alma. Si no aprendemos a vivir en paz dentro de cuatro paredes, Cómo esperar la armonía de las naciones? …”

Poblada por el firmamento de las estrellas, en una noche de luna plateada, cuando el Señor, instalado temporalmente en la casa de Pedro, tomó las Sagradas Escrituras, y como si para imprimir nuevo rumbo a la conversación había tomado en improductivos y menos edificantes, habló con bondad:

– Simón, ¿qué hace el pescador cuando se va a comercializar los frutos de todos cada día?

El apóstol pensó un momento y contestó tímidamente:

– Maestro, por supuesto, elegimos el mejor pescado. Nadie compra los restos de pescado. Jesús le sonrió y le dijo:

– ¿Y el alfarero? ¿Qué hace para cumplir con la tarea a que se dispone?

– Por supuesto Señor – replicó el pescador, intrigado – moldea la arcilla, dándole la forma deseada. El amigo Celeste, compasivo y fulguroso, insistió:

– ¿Y cómo el carpintero procede para obtener el trabajo que pretende?

El interlocutor, muy simple, dijo sin vacilar:

– lava la madera, utiliza el hacha y el serrucho, un martillo y un cincel. De lo contrario, no mejorará la pieza en bruto.

Jesús hizo una pausa por un momento y añadió:

– Por lo tanto, así es también, el hogar en el mundo.

La casa natal es la primera escuela y el primer templo del alma. La casa del hombre es la legítima exportadora de los caracteres para la vida común. Si el comerciante selecciona la mercancía, si el ebanista no puede hacer un barco sin modelar la madera para sus propósitos, ¿cómo podemos esperar tener una comunidad tranquila y segura, sin que el hogar se perfeccione? La paz en el mundo empieza bajo el tejado que nos alberga. Si no aprendemos a vivir en paz entre cuatro paredes, ¿cómo esperar la armonía de las naciones? Si no nos acostumbramos a amar al hermano más cercano, unido a nuestra lucha todos los días, ¿cómo respetar el Eterno Padre que nos parece distante?

Jesús lanzó la mirada a la modesta habitación, hizo breve pausa y siguió:

– Pedro encendamos aquí, alrededor de  los que nos buscan la asistencia fraterna, una claridad nueva. La mesa de tu casa es el hogar de su pan. En ella recibes el alimento del Señor todos los días. ¿Por qué no instalar, a su alrededor, la semilla de la felicidad y la paz en la conversación y el pensamiento? El Padre que nos da el trigo para el granero, a través de la tierra, nos envía la luz a través del cielo. Si la claridad es la expansión de los rayos que constituyen la riqueza comienza en el grano. Por esta razón, el Evangelio no se ha iniciado en la multitud, sino más bien en las casas sencillas de los pastores y los animales.

Simón Pedro miró a los ojos y Maestro humilde y lúcido, y como no encontraba las palabras adecuadas para explicarse, murmuró tímido:

– Maestro, que se haga como usted desee.

Entonces Jesús, llamando a los familiares del Apóstol a la conferencia edificante y a la meditación elevada, desenrolló los escritos de la sabiduría, y abrió, en la Tierra, el primer culto cristiano en el hogar.

 

* Herramienta de curva con cable hoja de acero, que se utiliza para cortar la madera en la carpintería y tonelería. (Aulete)

 

 (Del libro “Jesús en el hogar”, por Lucius Neio Espíritu, Francisco Cándido Xavier)

 

http://gotasoceano.blogspot.com.es/2010/12/o-culto-do-evangelho-no-lar-neio-lucio.html

 

Revisão tradução: Elaine Lettiere

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EDUCACIÓN ESPÍRITA INFANTO-JUVENIL

Todos sois conocedores de lo afortunados que somos de conocer el espiritismo. Su parte moral, que nos hace ver cuales son nuestros defectos y que aunque no es fácil llevarlo a la práctica, también nos dice qué hacer para solucionarlos. Su parte filosófica, que nos descubre quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, que nos hace perder el miedo a la muerte, que nos muestra que todo, absolutamente todo lo que nos pasa en la vida tiene una razón de ser y esto nos ayuda a aceptar los problemas y poder superarlos. Qué maravilloso habría sido si nos hubiesen enseñado todo esto desde pequeñitos, ¿no creéis? A lo mejor, algunos de vosotros, habéis tenido la gran suerte de nacer en una familia espírita o de haber asistido junto a vuestros padres a algún centro desde edad temprana, pero desgraciadamente, en nuestro país esto no es lo normal. He dicho ¿es? Quizá sería mejor decir ha sido porque hoy tenemos la oportunidad de hacer que los niños asistan a los centros espíritas y puedan aprender junto con los adultos que son espíritus reencarnados dispuestos a avanzar y subir en la escala evolutiva.

Para conseguir esto hay que seguir dos pasos: 1. Saber qué es la Educación Espírita Infanto- Juvenil y 2. Querer llevarla a cabo en nuestro centro. Vayamos por partes.
¿Qué es educación? Educación es toda influencia ejercida por un Espíritu sobre otro, en el sentido de despertar un proceso de evolución.
Todas las veces que alguien despierta algún bien en el otro, se da un acto de Educación, tengan los protagonistas conciencia o no de ello. Muchas veces, sólo con lo que hacemos, damos buen o mal ejemplo a los demás, en este sentido ya estamos educando o mal-educando.
Y por supuesto, la finalidad principal de la educación es enseñar al otro a evolucionar.
Es necesario, para saber educar, conocer la diferencia existente entre Instrucción y Educación. La instrucción forma el talento. Instruir es ilustrar la mente con cierta suma de conocimientos sobre una o varias ramas científicas, históricas…
La educación, sin embargo, forma el carácter. Educando desarrollamos valores morales que nos harán ser hombres y mujeres de bien en un futuro.
Lo ideal sería que las dos ramas avanzaran a la par. Con la educación dirigida al sentimiento y la instrucción a la inteligencia, lograremos llegar a ser personas saludables de alma y de cuerpo.
En el capítulo 31 de “El libro de los Médiums”, en el punto 9 podemos encontrar una clara referencia a esto que estoy comentando. “¡Espíritas amaos! He aquí la primera enseñanza, ¡Instruiros! He aquí la segunda.
Cuando somos pequeños somos como esponjas, aprendemos muy rápido y con mucha mayor facilidad, por esto es tan importante que se comience a educar a los niños en el espiritismo. Gillón Ribeiro decía “Es inútil improvisar guías regeneradoras para forzar la rectitud de árboles que envejecieron torcidos. Las guías sólo aseguran el crecimiento correcto de las plantas nuevas, evitando que sus ramas se desvíen del rumbo cierto” y Leopoldo Machado decía algo parecido “Es preciso que cuidemos, por tanto del niño y del joven, plantas en proceso de crecimiento, aún moldeables y dirigibles hacia el bien mayor”
En la obra “El Consolador que prometió Jesús” Emmanuel nos dice que “El periodo infantil es el más serio y propicio a la asimilación de los principios educativos” Y nos explica que en los 7 primeros años de vida el espíritu encarnado se encuentra en un estado de adaptación a la nueva existencia, a esa edad aún no existe un acoplamiento perfecto del espíritu y el cuerpo físico, sus recuerdos del plano espiritual son más vivos y por esto es más susceptible de renovar su carácter.
La educación espírita no sólo es ofrecer los conocimientos del Espiritismo sino también envolver al alumno en una atmósfera de responsabilidad, de respeto a la vida, de fe en Dios, de consideración y amor hacia los semejantes, de valorización de las oportunidades recibidas… cómo veis es un trabajo necesario y muy importante.
Hay que diferenciar, también, que las enseñanzas y aprendizaje de las clases de educación espírita para los niños son diferentes de las enseñanzas religiosas, no es una catequesis, no se trata de poner normas, preceptos o interpretar textos, no, se trata más de incorporar una visión de uno mismo, de los demás, de la vida… y llevarlo a la práctica siempre con el fin de ser mejor persona.
¿Por qué es importante que los centros espíritas incorporen la educación espírita infanto-juvenil a sus actividades? Pues porque la mayor finalidad del Espiritismo es transformar a todos en hombres de bien, y para hacerlo no podemos construir la casa por el tejado, debemos hacerlo desde los cimientos, es decir, desde la infancia. Pensad que los niños de hoy son el futuro de mañana, serán los futuros obreros del movimiento espírita.
¿Qué necesitamos para implantar esta tarea en los centros?
Necesitamos, claro está, un lugar, un cuarto, una habitación… si nuestro centro sólo tiene un espacio, poner la clase de educación en un horario diferente a la de los adultos.
Necesitamos una persona o equipo de personas que quieran involucrarse en esta estupenda misión. Para ello es necesario que la persona tenga una buena base doctrinaria, que es lo va a enseñar a los pequeños, que quiera aprender con los niños, porque de ellos se aprende muchísimo, y que sobre todo quiera dar amor, porque para trabajar con niños esto es esencial.
Y es necesario tener niños…. Pues no! No es necesario tener niños encarnados. Lo principal es poner un horario de la clase, por ejemplo, los viernes de 8 a 9, y haya o no niños encarnados, el educador tiene que saludar, dar la clase, leer algún cuento y comentarlo… porque si la espiritualidad sabe que en tal centro un día a la semana, a una hora concreta va a haber este tipo de actividad, llevarán a niños espirituales a seguir las enseñanzas y poco a poco, aunque os parezca mentira, irán llegando niños encarnados. Esto no es teoría es real.
Es muy importante abrir clases de educación espírita infanto-juvenil en nuestros centros, no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, porque sabemos que todo tiene consecuencias y no podemos esperar a que nuestros niños crezcan, ya que de mayores tendrán que corregir defectos y equivocaciones que seguramente no tendrían si se les hubiese guiado desde pequeños.
Educar a los niños y jóvenes es una labor que nos compete a todos. Enseñando Espiritismo haremos adultos con menos problemas y en consecuencia habrá menos espíritus sufrientes.

Y qué mejor manera de divulgar el espiritismo que inculcárselo a nuestros niños. Con ellos, el mañana será un mundo mejor.

Para terminar me gustaría recordar las palabras de nuestro querido codificador Allan Kardec:
“Es por la Educación, más que por la Instrucción que se transformará la Humanidad.”

Yolanda Durán.
Coordinadora Dpto. Infanto-Juvenil de la FEE
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EN FAMILIA

La familia consanguínea es labranza de luz del alma, dentro de la cual triunfan solamente aquellos que se  revisten de paciencia, renuncia y buena voluntad.

De cuando en cuando, el amor nos congrega, en pleno campo de la vida, regenerándonos la siembra del destino.

Generalmente, no se reúnen a nosotros los compañeros que ya demandaron a la esfera superior dignamente aureolados por vencedores, y si amigos afines menos estimables de otras épocas, para restaurar el tejido de la fraternidad, indispensable al abrigo de nuestra alma, en la jornada para lo Alto de la vida.

Muchas veces, en la condición de padres y hijos, cónyuges o parientes, no pasamos de deudores en rescate de antiguos compromisos.

Si eres padre, no abandones a tu hijo en los procesos de la naturaleza animal, como si  fuera menos digno de atención que la hortaliza de tu casa. El niño es un “trato de tierra espiritual” que devolverá lo que aprende, invariablemente, de acuerdo con la siembra recibida.

Si eres hijo, no desprecies a tus padres, relegándoles al olvido y subestimándoles los corazones, como si estuviesen en desacuerdo con tus ideales de elevación y nobleza, porque también, un día necesitarás la ajena comprensión para que se te perfeccione en la individualidad la región presentemente menos burilada y menos atendida. La criatura en el acaso de la existencia es el espejo de tu propio futuro en la Tierra.

Aprende a usar la bondad, en dosis intensas, ajustándola al entendimiento y a la vigilancia para que tu experiencia en familia no desaparezca en el tiempo, sin provecho para el camino a trillar.

Quien no auxilia a algunos, no se halla habilitado al socorro de muchos.

Quien no tolera un pequeño disgusto doméstico, sabiendo sacrificarse con espontaneidad y alegría, a beneficio del compañero de tarea o del hogar, en vano se erguirá por salvador de criaturas y situaciones que él mismo desconoce.

Cultiva el trabajo constante, el silencio oportuno, la generosidad sana y conquistarás el respeto de otros, sin lo cual nadie consigue ausentarse del mundo en paz consigo mismo.

Si no practicas en el grupo familiar o en el esfuerzo aislado a la comunión con Jesús, no te demores a buscarle en el vecindario, la inspiración y la directriz.

No pierdas el tesoro de las horas en reclamaciones improductivas o destructivas.

Busca entender y auxiliar a todos en casa, para que todos en casa te entiendan y auxilien en la lucha cotidiana, tanto cuanto les sea posible.

El hogar es el puerto de donde el alma se retira para el mar alto del mundo, y quien no transporta en el corazón el rastro de la experiencia difícilmente escapará al naufragio parcial o total.

Busca la paz con los otros o a solas.

Recuerda que todo día es día de empezar.

Por el Espíritu Emmanuel. Psicografia de Francisco Cândido Xavier.

Libro Familia. Lección nº 01. Página 15.

Revisado: Elaine Lettiere

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