semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

EN FAMILIA

en 9 de mayo de 2012

La familia consanguínea es labranza de luz del alma, dentro de la cual triunfan solamente aquellos que se  revisten de paciencia, renuncia y buena voluntad.

De cuando en cuando, el amor nos congrega, en pleno campo de la vida, regenerándonos la siembra del destino.

Generalmente, no se reúnen a nosotros los compañeros que ya demandaron a la esfera superior dignamente aureolados por vencedores, y si amigos afines menos estimables de otras épocas, para restaurar el tejido de la fraternidad, indispensable al abrigo de nuestra alma, en la jornada para lo Alto de la vida.

Muchas veces, en la condición de padres y hijos, cónyuges o parientes, no pasamos de deudores en rescate de antiguos compromisos.

Si eres padre, no abandones a tu hijo en los procesos de la naturaleza animal, como si  fuera menos digno de atención que la hortaliza de tu casa. El niño es un “trato de tierra espiritual” que devolverá lo que aprende, invariablemente, de acuerdo con la siembra recibida.

Si eres hijo, no desprecies a tus padres, relegándoles al olvido y subestimándoles los corazones, como si estuviesen en desacuerdo con tus ideales de elevación y nobleza, porque también, un día necesitarás la ajena comprensión para que se te perfeccione en la individualidad la región presentemente menos burilada y menos atendida. La criatura en el acaso de la existencia es el espejo de tu propio futuro en la Tierra.

Aprende a usar la bondad, en dosis intensas, ajustándola al entendimiento y a la vigilancia para que tu experiencia en familia no desaparezca en el tiempo, sin provecho para el camino a trillar.

Quien no auxilia a algunos, no se halla habilitado al socorro de muchos.

Quien no tolera un pequeño disgusto doméstico, sabiendo sacrificarse con espontaneidad y alegría, a beneficio del compañero de tarea o del hogar, en vano se erguirá por salvador de criaturas y situaciones que él mismo desconoce.

Cultiva el trabajo constante, el silencio oportuno, la generosidad sana y conquistarás el respeto de otros, sin lo cual nadie consigue ausentarse del mundo en paz consigo mismo.

Si no practicas en el grupo familiar o en el esfuerzo aislado a la comunión con Jesús, no te demores a buscarle en el vecindario, la inspiración y la directriz.

No pierdas el tesoro de las horas en reclamaciones improductivas o destructivas.

Busca entender y auxiliar a todos en casa, para que todos en casa te entiendan y auxilien en la lucha cotidiana, tanto cuanto les sea posible.

El hogar es el puerto de donde el alma se retira para el mar alto del mundo, y quien no transporta en el corazón el rastro de la experiencia difícilmente escapará al naufragio parcial o total.

Busca la paz con los otros o a solas.

Recuerda que todo día es día de empezar.

Por el Espíritu Emmanuel. Psicografia de Francisco Cândido Xavier.

Libro Familia. Lección nº 01. Página 15.

Revisado: Elaine Lettiere


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