semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

¿Por qué es importante pasar tiempo libre con los niños?

“Estrechar lazos ayuda a reforzar su autoestima y mejorar su comprensión del entorno.”

El concepto de tiempo libre cambia con la llegada de los hijos: pasamos de disponer de gran cantidad de horas libres dedicadas a nosotros mismos, a depender de sus necesidades y organizar en función de ellos nuestros horarios y tiempos. Saber cómo organizarse es una cuestión de práctica y, sobre todo, de aprender a rentabilizar las horas que nos deja la jornada laboral, a fin de sacarles el mayor provecho posible. Se trata, en definitiva, de transformar el tiempo libre en tiempo libre de calidad.
El tiempo que los hijos pasan con los padres no sólo repercute en estrechar su relación y lazos con ellos: les ofrece la posibildad de reafirmar su posición dentro del núcleo familiar, refuerza su autoestima y desarrollo personal, mejorando su capacidad de absorber los valores que intentamos inculcar en ellos y mejorar su percepción entre lo que está bien y lo que está mal.
Este ‘tiempo libre de calidad’ se convierte así en una necesidad para los más pequeños: de lo que se trata al fin y al cabo es de fomentar la relación padre-hijo para que ellos perciban a los mayores como sus principales figuras de referencia. Ser proactivos cuando tienen dudas, ayudarles con las tareas del ‘cole’ o reservar veinte minutos al día de dedicación plena a charlar con ellos a cerca de sus preocupaciones, valen tanto o más que ver la televisión juntos, salir de paseo o ir al parque de atracciones en fin de semana.
La manera de encajar estas necesidades en nuestros horarios: convertir estas actitudes en una rutina, de forma que pasen a formar parte de nuestro día a día de forma natural. Es importante, además, conceder tiempo personalizado a cada niño en caso de tener varios hijos, sin olvidar el pasar algo de tiempo a la semana realizando alguna actividad todos juntos.

 

http://www.hola.com/ninos/2012042658268/padres-tiempo-libre-hijos/

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Transición Planetaria

Os dejamos este vídeo de Divaldo Pereira Franco del seminario promovido por la Federación Espírita de Florida y que tuvo lugar los días 3 y 4 de marzo y cuyo tema principal fue: “Familia y Educación en una sociedad en transición”

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La educación del hombre según la Doctrina Espírita

En el  cap. XVIII de La  Génesis, titulado  LA NUEVA GENERACIÓN, Kardec enfatiza: “Para que en la Tierra los hombres sean felices, es preciso que solamente la pueblen Espíritus buenos, encarnados y desencarnados, que sólo se dediquen al bien.”(1)

“La Humanidad ha realizado hasta la actualidad incontables progresos. Los hombres, con su inteligencia, llegaron a resultados que jamás habían alcanzado, bajo el punto de vista de las ciencias, las artes y del bienestar material. Les queda, aún, un inmenso progreso a realizar: el de hacer que entre si reinen la caridad, la felicidad, la solidaridad que les aseguren el bienestar moral.”(2)

La marcha progresiva de la Humanidad se produce de dos formas: una, gradual, lenta, imperceptible, traduciéndose en la mejora de las costumbres, en las leyes, en los usos, mejoras que sólo con la continuidad se pueden percibir.

La otra, por movimientos relativamente bruscos, semejantes a los de un torrente que, rompiendo los diques que la contenían, transpone en algunos años el espacio que necesitaría siglos para recorrer.

Convertida en adulta, la Humanidad tiene nuevas necesidades, aspiraciones más vastas y más elevadas, ya no encuentra en el estado de las cosas, las satisfacciones legítimas. (3)

Es  uno de esos períodos de transformación o, de crecimiento moral que ahora está llegando la Humanidad.

Sólo el progreso moral puede asegurar a los hombres la felicidad en la Tierra, frenando las pasiones insanas; solamente ese progreso puede hacer que entre los hombres reine la concordia, la paz, la fraternidad.

Será él quien echará por tierra las barreras que separan a los pueblos (…) enseñando a los hombres a considerarse hermanos que tienen como deber ayudarse mutuamente (…) (4)

El Espiritismo puede dar a los hombres, la base necesaria para que esas reformas morales se desarrollen, completen y consoliden.

La Educación Espírita será una poderosa palanca capaz de ayudar a la humanidad en ese proceso de regeneración y evolución moral.

En la actual época de transición, se confunden los elementos de las dos generaciones. Colocados en el punto intermedio, asistimos a la partida de una y a la llegada de la otra, caracterizándose ya cada una, en el mundo, por los caracteres que le son peculiares. (5)

La generación que desaparece llevará consigo sus errores y perjuicios; la generación que surge, retemplada en una fuente más pura, imbuida de ideas más sanas, imprimirá al mundo ascensional movimiento en el sentido de progreso moral que señalará la nueva fase de la evolución humana. (6)

Será necesario estimular a los espíritus que están rencarnando en esas nuevas bases, el cambio de comportamiento, organizando programas de esclarecimientos, al mismo tiempo que se le despierta el deseo de renovación del espíritu.

A esa nueva generación, le cabe fundar la era del progreso moral y se distinguirán por poseer inteligencia y razón incuestionablemente precoces, asociados al sentimiento innato del bien.

Cuando se piensa en la Educación del Hombre hacia el 3er Milenio, no se puede olvidar las experiencias pasadas por medio de las cuales fue evolucionando la Humanidad, las conquistas científicas y sociales ya alcanzadas y la necesidad de continuar progresando buscando ahora la renovación moral.

Pues, la regeneración de la Humanidad, no exige la renovación integral de los espíritus: basta una modificación en sus predisposiciones morales. Esa modificación se opera en todos los que están predispuestos, desde que estén sustraídos a la influencia perniciosa del mundo (7) y estimulados a actitudes de auto-perfeccionamiento donde se irán transformando y consecuentemente contribuyendo para transformar la realidad que lo rodea.

Ese proceso deberá estar más unido a los sentimientos, comportamientos y actitudes que al desarrollo del intelecto, pues el hombre ya acumuló conocimientos científicos de gran escala,

Ese progreso deberá estar mas unido a los sentimientos, comportamientos y actitudes que al desarrollo del intelecto, pues conocimientos científicos el hombre ya acumuló en gran escala, haya visto el avance de la ciencia y de la tecnología en nuestro Mundo.

Será necesario, entonces, estimular la vivencia evangélica, despertando a los hombres hacia la práctica de la caridad y de la fraternidad legítimas, aptitudes capaces de realizar las modificaciones evolutivas que les asegurarán la felicidad en la Tierra. Ese programa puede hace que entre los hombres reine la concordia y la paz.

Vivenciando los principios espíritas, los hombres se integrarán con sus compañeros y con el medio social más amplio, contribuyendo a la construcción de un mundo más evangelizado. (9)

La Educación Espírita para el tercer milenio, al considerar un pasado de experiencias y con vistas a un futuro que se extiende más allá de la vida física, abrirá nuevas perspectivas en ese proceso de renovación, adaptándolo a las diferentes necesidades que surgirán con el desarrollo cultural y espiritual de aquellos que estarán habitando la Tierra.

(…) Ella se impone con la exigencia de los tiempos. Sólo ella podrá orientar a los espíritus para la formación del hombre nuevo, consciente de su naturaleza y de su destino, así como de pertenecer a la Humanidad cósmica y no a los exiguos límites de la Humanidad terrena (…) (8)

Y el Espiritismo por su poder moralizador y por sus tendencias progresistas, abrazando una inmensa generalidad de cuestiones secundará a la Humanidad en esa conquista.

El programa de Educación del Hombre en el 3er Milenio estará basado en los recursos pedagógicos traídos por las enseñanzas de Jesús y en la ciencia del Espíritu codificada por Kardec, que se encargarán de realizar la gran y profunda renovación educacional, necesaria al progreso.

Apoyándose en esos paradigmas, recordamos que Jesús afirmó la necesidad de transformación del hombre viejo en hombre nuevo y en ese sentido que su pedagogía deberá aplicarse, en los programas de Educación Espírita del Hombre ahora y en el futuro.

Adaptación: Claudia Werdine

Ilustración: http://www.fe.unb.br/educaesp/images/stories/Educaesp/home/Educaesp.jpg

Bibliografía.

1. kardec, Allan.  A Geração Nova. In:._ A Gênese. Trad.  De Guillon   Ribeiro. 35. Ed. Rio [ de Janeiro]: FEB, 1997, Cap.17, item 27, p.418.

2.¾¾   idem , In:._ Sinais dos Tempos ,   item  5 , p. 403.

3.¾¾   idem.  Item 14, p. 411.

5.¾¾   idem. Item 20 , p. 415.

6.¾¾   idem. In:._ Sinal dos Tempos. Item 28 , p. 419.

7. ¾¾  idem. Item 33 , p. 421.

8. Pires, Herculano. Formação do homem novo. In:. Pedagogia Espírita. ed. Edicel. São Paulo.1985 , p . 61.

9. Rocha, Cecília e equipe. Currículo para Escola de Evangelização Espírita Infant0 – Juvenil. In:._O Evangelizando. Ed. FEB. Rio [ de Janeiro]:1998 , p. 14.

4.¾¾   idem . item 19 , p. 414 .

 

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Delante de la Infancia

Incuestiónablemente, la respuesta de los Mentores de la humanidad al Codificador del Espiritismo es de suma importancia en los cuadros de la vida como la encontramos en el planeta terreno. El espíritu que renace en nuevo cuerpo carnal tiene por meta perfeccionarse, teniendo por lo tanto los padres y otros seres adultos la incumbencia de conducirlo, de orientarlo en la vida para la Vida, instruirlo para superar la propia ignorancia, de liberarlo de las tinieblas para conducirlo a la Luz de Dios, y todo esto es lo que se llama educación.

Desafortúnadamente, en la gran mayoría dos casos, los individuos que reciben el espíritu en la fase infantil y que tienen el deber de nortearlo por la vida, no se aperciben de su espiritual realidad. Algunos suponen que las niños son seres vírgenes, recién creados por Dios — esto, cuando admiten la existencia de Dios —, y que, de esa forma, son tablas en blanco donde todo comenzará a ser escrito por los padres, iniciándose todo el proceso de la individualidad. Muchos creen que las niños sean verdaderos clones, patrimonios de sus genitores, y que, por esto, deberán seguir los modelos por éstos establecidos, como copia humana de viejos caracteres.

Incontables criaturas, ignorando las leyes que regulan las afinidades entre espíritus o grupos de espíritus, piensan que las niños son meras conformaciones hereditarias de los padres, en régimen de totalidad, o sea, heredan no solamente elementos biológicos y o de postura, sino también, las características morales de ellos, lo que determinaría que padres intelectuales y dignos generarían, obligatoriamente, hijos con los mismos trazos, mientras que padres acelerados e incultos, desde sus ancestros, generarían retoños portadores de iguales componentes intelecto-morales, y así por delante. Y desfilan teorías filosóficas, psicológicas, antropológicas y religiosas, intentando establecer parámetros para explicar quienes son los hijos en relación a sus padres, y el porqué de tantas diferencias donde se esperaban similitudes o de tantas semejanzas, donde todo parecía dado a ser diferente.

El pensamiento del Espiritismo, a tal respecto, es que el ser que los genitores conducen en sus brazos cariñosos, es un milenario viajero de la evolución hacia el Creador, estando en la Tierra para el esfuerzo de la auto-superación, de la reestructuración del carácter moral, y pulimento intelectual, como alumno que asiste a las clases en el gran escuela del mundo. Para la Doctrina Espírita, la aparente inocencia de la infancia oculta bagajes sedimentados a lo largo de siglos y siglos de caídas y levantadas, adquiriendo así experiencias importantes en la ruta de la Vida Grande. De esa forma, educarla significará trabajar para podar o inhibir la acción de los elementos perniciosos traídos en su ser, al mismo tiempo en que se incrementará e incentivarán las conquistas felices, maduras, ennoblecidas que demuestre.

Espíritu Camilo

Médium Raúl Texeira
Extraído del libro “Desafíos de la Educación”

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Conferencia: “La Educación del Espíritu”

Queridos amigos,

Os dejamos esta interesantísima conferencia de Carlos Campetti en el 6º CONGRESO ESPÍRITA MUNDIAL 2010 en la ciudad de Valencia.

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La Escuela

Cuando las vacaciones acaban, es común oírse, en la puerta de las escuelas, de la boca de los padres o de operarios que reciben a los niños, frases bien desmotivadas. ¿Acabó la actividad, bien? ¿Aprovechó bien las vacaciones? Mejor para usted, porque ahora va a tener que dar un duro curso. Son comentarios inocentes y chistes, hechos de forma dispersa. A veces, es más con el objetivo de alargar la conversación. Pero tienen un efecto desastroso sobre los niños. Los adultos hablan jugueteando pero los chicos no tienen condiciones para entender la sutileza de la broma. Para quien ya está sacudido con miedo de las novedades y el choque de los cambios del nuevo año escolar, tales frases suenan como amenazas de algo terrible. Eso, sin hablar de los comentarios malos que los pequeños oyen de los padres acerca de la escuela. Son críticas a profesores, al currículum escolar, a las notas que vienen con pedidos de material, normas y decisiones de la institución, valores de las mensualidades.

Para los adultos es fácil aceptar, aún sabiendo que no es lo ideal. Pero, para los niños es un tanto difícil. Ellos no pueden entender porque los padres insisten para que ellos frecuenten aquella escuela que trae tantos problemas para la familia. Y la escuela acaba siendo entendida como una cosa mala. Añádase aun que, en casa, la madre habla: Vamos a dormir, porque mañana tú tienes clase. El mensaje que es trasmitido es que el estudio es un gran estropeador de placer. A causa de él es preciso acabar la diversión, dejar de ver TV, ir para la cama.

Y para finalizar, aún viene la otra célebre frase: Vamos inmediatamente. ¿Estás pensando que aún estás de vacaciones? Y otro dicho que las vacaciones son un paraíso y el aprendizaje es una esclavitud. Con tales mensajes, a la corta o a la larga, las víctimas de esas circunstancias van a demostrar su desprecio por los estudios, presentando baja productividad escolar, distracción y mala voluntad. Naturalmente la escuela no es un lugar de placeres, pues exige esfuerzo y disciplina. Puede ser hasta que ella tenga altos y bajos de calidad. Pero eso es y será siempre un asunto para los padres con profesores y directores, no para discutir y hablar con los niños. Los padres pueden y deben esmerarse para transformar la escuela en un lugar de felicidad para sus hijos en la búsqueda del conocimiento.

* * * * * * * * * 

La escuela es un bendecido lugar de aprendizaje. Acuérdese de que su niño es la canción con que el tiempo envuelve los oídos del futuro. Es la semilla que, lanzada en la tierra fértil de la orientación noble, producirá flores y frutos de esperanza para el mañana. Ofrézcale, así, la escuela, permitiendo que en ella reciba los estímulos generosos de la instrucción. Estímulos luminosos que anularán las tinieblas de la ignorancia y le abrirán portales de crecimiento. Sin embargo, ayudele a enfrentar las dificultades que surjan. Apunte y muestre lo que es positivo. Y si la escuela presenta deficiencias, critique. Pero haga algo para mejorar. Presente los errores. Pero igualmente presente soluciones, a fin de que la escuela se haga mejor para los suyos y para los hijos de todos los padres.

Redacción del Momento Espírita, con base en el artículo Llaves que cierran la escuela, de David Puentes, en conjunto con Ivan Capelatto y Ângela Minatti, publicado en el periódico Gaceta del Pueblo, de 06.02.2000 y en el cap. 10 del libro Vereda familiar, por el Espíritu Thereza de Brito, psicografia de Raul Teixeira, ed. Fráter.

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El viernes 2ª áula del curso

Queridos amigos y seguidores,

Os recordamos que el próximo viernes día 8 daremos continuidad al curso de preparación de trabajadores de infancia y juventud que el Proyecto “SEMILLAS DEL FUTURO” ha puesto en marcha en el C.E LEÓN DENIS.

En esta ocasión trabajaremos con el niño, la familia y el centro espírita en su papel de escuela de las almas.

Hablaremos de la responsabilidad de la misión encomendada a los padres y, sobre todo, disfrutaremos mucho trabajando las distintas dinámicas propuestas en el curso que nos ayudan a fijar conceptos a la vez que nos divertimos.

Gracias a todos. ¡¡¡NOS VEMOS EL VIERNES!!

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Mi padre, mi héroe

Cuando yo llegué a este mundo, no sabía de cierto que estaba haciendo aquí, hasta que percibí que había alguien para orientarme en la jornada. Un día, cuando usted me irguió en los brazos, elevándome por encima de su cabeza, descubrí que usted quería que yo percibiese el mundo desde un punto de vista muy global. Cuando comencé a dar mis primeros pasos, con los músculos de las piernas aun frágiles, usted me sujetó tomándome de la mano, y entendí que usted no deseaba cargarme en el cuello para siempre: quería que yo anduviese con las propias piernas.

Cuando entré en casa por primera vez, irritado, quejándome de los amigos, usted dijo yo acertar con ellos, y comprendí que debería asumir la responsabilidad por mis propios actos. Cuando lleve a casa mi primera lección y usted se sentó a mi lado, orientándome, más no hizo la lección para mi, entendí que usted deseaba que el aprendizaje fuese una conquista mía.

En el día en que algunos objetos ajenos fueron a parar en mi mochila escolar, usted, sin ofenderme, me pidió devolverlo al legítimo dueño, y comprendí que usted quería hacer de mi una persona honesta. Cuando, un día, mis amigos salían de la clase y traje algunos cometarios maliciosos sobre ellos, y usted me dijo que no debemos hablar mal de las personas ausentes, aprendí las lecciones de la sinceridad y del respeto. En los momentos difíciles, usted estaba siempre en medio para apoyarme, y en las horas alegres no me faltó su brazo para compartir.

Cuando flaquee ante el primer embate de la vida, usted me hablo del coraje…

Cuando llore las lagrimas provocada por el primer sufrimiento, usted me hablo de la resignación…

Cuando desee huir de los compromisos que se presentaban, usted me habló de la responsabilidad…

Cuando pensé en mentir a un amigo, usted me hablo de la fidelidad…

Cuando sentí en mi alma los azotes de los primeros vendavales, usted me habló de la flexibilidad, y aprendí a doblegarme para no quebrar, como la pequeña rama verde hace ante los golpes del viento. Cuando usted presintió en mi mirada la insinuación de la venganza, usted me habló del perdón…

Cuando desee salvar el mundo, en los ardientes días de la juventud, usted me enseño la moderación y el buen sentido. Cuando quise someterme a las costumbres del grupo, usted me habló de la libertad. Cuando me engañe, pensando que el mundo era mío, usted me habló del Creador del Universo…

Así, padre mío, deseo decir que usted siempre fue mi héroe, mi amigo, mi gran maestro, mi compañero en el camino…

Usted fue firme, cuando era de firmeza que yo precisaba…

Usted fue tierno, cuando era de ternura que yo necesitaba…

Usted fue lúcido, cuando era de lucidez lo que yo precisaba…

Cuando yo llegue a este mundo, no sabía de cierto lo que estaba haciendo aquí, hasta que percibí que había alguien para orientarme en la jornada…

Hoy, bien, hoy yo sé claramente lo que estoy haciendo aquí, porque usted, padre mío, no hizo más que orientarme, usted camino a mi lado muchas veces, me siguió de cerca otras tantas, y ando al frente muchas otras, dejando rastros de luz, con directrices seguras para que yo pudiese seguir. Hoy yo sé muy bien el papel que me cabe en la construcción de un mundo mejor, porque eso yo aprendí con usted, mi gran y admirado amigo…

Y cuando yo veo a tantos jóvenes perdidos, sin rumbo y sin esperanza, vagando entre la violencia y la muerte, yo pido a Dios por ellos, porque es bien posible que no hayan tenido la felicidad de tener un padre como usted…

Y pido a Dios por usted, papa, mi gran amigo.

Redacción de Momento espirita.

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La Educación

Por medio de la educación, las generaciones se transforman y se mejoran. Para obtener una sociedad nueva es preciso hacer hombres nuevos. Así pues, la educación de la infancia es de una importancia capital.

No basta enseñar al niño los elementos de la ciencia. Tan esencial como saber leer, escribir y calcular es aprender a gobernarse, a conducirse como un ser racional y consciente, es entrar en la vida armado no solamente para la lucha material, sino, sobre todo, para la lucha moral. Ahora bien, de esto es de lo que nos ocupamos menos. Se procura desarrollar las facultades y los aspectos brillantes del niño, y no sus virtudes. En la escuela, como en la familia, se abandona demasiado el esclarecimiento de sus deberes y de su destino. Así pues, desprovisto de principios elevados, ignorante de la finalidad de la existencia, el día en que entra en la vida pública se encuentra expuesto a todas las asechanzas, a todas las atracciones de la pasión, en un ambiente sensual y corrompido.

Aún en la segunda enseñanza, lo que se hace es atiborrar el cerebro del escolar con un cúmulo indigesto de nociones y de hechos, de fechas y de nombres, todo ello con detrimento de la enseñanza moral. La moral de la escuela, desprovista de sanción efectiva, sin finalidad de orden universal, no es más que una moral estéril, incapaz para reformar la sociedad.

También es pueril la educación dada en los establecimientos religiosos, donde el niño se hace presa del fanatismo y de la superstición, y no adquiere más que ideas falsas acerca de la vida presente y del Más Allá. Rara vez es una buena educación moral la obra de un maestro. Para despertar en el niño las primeras aspiraciones al bien, para enderezar un carácter difícil, se necesita a la vez perseverancia, firmeza y un afecto del que sólo es susceptible el corazón de un padre o el de una madre. Si los padres no logran corregir a sus hijos, ¿cómo podrá conseguirlo el que dirige a un gran número de ellos?

Esta tarea no es, sin embargo, tan difícil como pudiera creerse. No exige una ciencia profunda. Grandes y pequeños pueden realizarla si se hallan penetrados de la finalidad y de las consecuencias de la educación. Hay que tener siempre presente una cosa, y es que los espíritus han acudido a nosotros con el fin de que les ayudemos a vencer sus defectos y a hacer las preparaciones para los deberes de la vida. Nosotros aceptamos, por medio del matrimonio, la misión de dirigirlos; la realizamos con amor, pero con un amor exento de debilidad, pues el amor llevado al límite extremo está lleno de peligros. Estudiemos desde la cuna las tendencias adquiridas por el niño en sus existencias anteriores, y dediquémonos a desarrollar las buenas y a ahogar las malas. No les proporcionemos demasiados goces con el fin de que, acostumbrados desde un principio al desencanto, sus jóvenes almas comprendan que la vida terrenal es ardua, y que sólo hay que contar con uno mismo y con su trabajo, la única cosa que proporciona la independencia y la dignidad. No intentemos desviar de estos niños la acción de las leyes eternas. Hay piedras en el camino de cada uno de nosotros: sólo la sensatez nos enseña a evitarlas.

No confiéis vuestros hijos a otros como no os veáis absolutamente obligados a ello. La educación no puede ser mercenaria. ¿Qué le importa a una nodriza que un niño hable o ande de tal o cual modo? No tiene el sentido ni el amor maternales. En cambio, ¡cuánta alegría siente la madre ante los primeros pasos de su querubín! Ninguna fatiga, ningún trabajo la detiene. ¡Ama! Haced lo mismo con el alma de vuestros hijos. Tened aún más solicitud para ella que para el cuerpo. Éste se gastará pronto y será echado al osario, en tanto que el alma inmortal, radiante por los cuidados de que fue rodeada, por los méritos adquiridos y por los progresos realizados, vivirá a través del tiempo para bendeciros y para amaros.

La educación, basada en una concepción exacta de la vida, cambiaría la faz del mundo. Supongamos a todas las familias iniciadas en las creencias espiritualistas sancionadas por los hechos, inculcándoselas a sus hijos, al mismo tiempo que la escuela neutra les enseñara los principios de la ciencia y las maravillas del Universo. Bien pronto se produciría una rápida transformación social bajo la acción de esta doble corriente. Todas las llagas morales se deben a la mala educación. Reformarla, establecerla sobre nuevas bases, tendría para la humanidad consecuencias incalculables. Instruyamos a la juventud e iluminemos su inteligencia; pero, ante todo, hablemos a su corazón y enseñémosle a despojarse de sus imperfecciones. Acordémonos de que la ciencia por excelencia consiste en hacernos mejores.

“El Camino Recto”, Léon Denis

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