semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

Un cuento para niños: “Bajo una seta”

EDUCAMOS LA SOLIDARIDAD

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Madre Teresa y los niños

“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…
en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño,
perdurará siempre la huella del camino enseñado.”

Madre Teresa de Calcuta

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“Encuentro en Familia”

Estimados amigos,

Como ya os informamos anteriormente, el Centro Espírita León Denis ha organizado una serie de charlas que hemos dado en llamar “Encuentro en Familia”.

Dichos encuentros tendrán lugar los viernes últimos de cada mes a las 18:00 en la sede de nuestra Asociación y tienen como objetivo tratar temas de importancia para la educación de nuestros niños y jóvenes a la Luz de la Doctrina Espírita. Buscamos con ello, además, crear un espacio del que los adultos puedan nutrirse y participar activamente del desarrollo espiritual de los más pequeños.

Puntualmente se llevarán a cabo seminarios en los que trataremos de profundizar en aquellas cuestiones que los padres, educadores, etc., consideren de máximo interés. En su momento os daremos más información al respecto.

La primera de estas charlas se llevará a cabo el próximo VIERNES 28 DE SEPTIEMBRE y será impartida por Claudia Werdine, coordinadora europea del departamento de Educación Espírita infanto-juvenil del Consejo Espírita Internacional.

Estáis todos invitados a participar,

Un abrazo!!!

 

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Una historia para niños: “Confianza”

Isabela, niña viva y alterada, estaba haciendo siempre cosas equivocadas y era repreendida por los padres.

Como el padre estaba menos en casa, a causa del trabajo, difícilmente llamaba su atención, pero cuando lo hacía, se quedaba enfadado y hablaba firme:

 — ¡Nunca más hagas eso, jovencita!

Con miedo, Isabela se encogía, prometiendo nunca más hacer nada equivocado. Y, por eso, ella creía que el padre no la amaba.

El Día de los Padres se aproximaba y habría una gran fiesta en la escuela y todos los niños estaban eufóricos. 

Habría una presentación artística, con músicas, bailes y hasta una pieza de teatro. Las madres harían tartas, sandwiches y refrescos. Para finalizar, cada padre recibiría un regalito confeccionado por el propio hijo.

Con anticipación, los alumnos comenzaron a adornar el salón con lindas cintas y flores coloridas.

Isabela estaba en la mayor expectativa. Amaba mucho a su padre y quería demostrar su amor por él en esa fiesta. En casa, tres días antes, ella avisó:

— Papá, el domingo tienes una fiesta en la escuela. ¿Tú vas, no es?

— Voy, sí.

En ese instante, el padre se llevó la mano a la cabeza, acordándose de alguna cosa, miró a la madre, con expresión preocupada, y dijo:

— Querida, mañana voy a tener que viajar.

Al oír la noticia, la niña abrió los ojos, sorprendida y decepcionada:

— ¡Papá! ¿Quieres decir que tú no vas a la fiesta?

— ¡Claro que voy, hijita!

— ¿Y si no consiguieras llegar a tiempo? ¿Por qué tienes que viajar inmediatamente mañana?…

El padre le explicó que tenía un negocio urgente que realizar.

— No puedo dejar de ir. Pero te prometo que llegaré para la fiesta.

Aquella noche, Isabela no consiguió dormir bien. Por su cabecita pasaban mil pensamientos: “A mí padre no le gusto. Si él me amara y se preocupase por mí, no viajaria. ¿Será que él no sabe lo importante que es esa fiesta para mi?”.

A la mañana siguiente, el padre se despidió, abrazando a la hija con cariño:

— Isabela, prometo que estaré de vuelta el domingo.

Colocando la maleta en el coche, él partió.

Isabela pasó aquel día ensayando la pieza y ayudando en el arreglo del salón.

Cuando terminaron, estaba lindo.

Ella volvió para casa cansada y con hambre. Cenó y se durmió enseguida.

Por la mañana tempranito, el teléfono sonó. Era alguien avisando que su padre había sufrido un accidente. La madre quedó trémula, afligida, intentando obtener noticias del marido. Después, con cuidado, contó a la hija:

— Isabela, tu padre tuvo un pequeño accidente y el coche estaba con problemas, pero no es nada. Después él estará aquí con nosotras.

— Mi padre no viene, mamá. Él no viene. ¡Estoy segura! — dijo la chica poniéndose a llorar, aterrorizada.

La madre la abrazó com afecto, tranquilizándola:

— Claro que él viene, hija mía. Confía en Dios, que también es Padre. Vamos a orar y estoy segura de que el Señor atenderá nuestros pedidos.  

— Yo no voy más a la fiesta, mamá.

— ¿Como no, hija? ¡La fiesta que ayudaste a preparar! ¿Y quien hará tú papel en la pieza teatral?

— No sé y no me importa.

— Isabela, tú estás demostrando que no confías ni en tu padre ni en Dios, hija mía. Y también que no tienes respeto por el trabajo de los otros. ¡Sin ti, tus compañeros no podrán presentar la pieza!

La niña se quedó callada, pensativa. Su madre tenía razón. Ella debería confiar más en Dios y también en el padre que siempre había hecho todo por ella, que nunca la había decepcionado. Elevando el pensamiento, oró mucho suplicando a Dios que protegiese a su padre, que nada de malo le sucediese y que el volviese bien para casa.

Aún, las horas pasaban y el padre no llegaba.

A la hora marcada, con el corazón apretado, fueron para la fiesta. Comenzó la presentación y los números fueron sucediéndose. El último era la pieza.

Cuando las cortinas se abrieron, Isabela lanzó una mirada por la asistencia, esperando ver al padre. Pero vanamente. Él no había llegado. Concentrada, en aquel momento ella sólo penso en su papel que estaba representando.

En la última escena, Isabela iba a decir un texto dirigido a los padres. Entonces, ella se volvió de frente para el público. En eso, sorprendida y aliviada, ella vio a su padre en medio del pueblo. Con una cura en la cabeza, pero risueño.  

Con lágrimas, Isabela dijo en voz bien alta:

— Papá, tú eres muy importante en nuestra vida. ¡Nosotros te amamos y confiamos en ti! ¡FELIZ DÍA DE LOS PADRES!

Isabela, con el regalo en las manos, descendió del escenario y corrió junto al padre.

— Pensé que tú no vinieras, papá.

— Gracias a Dios, estoy aquí. Yo jamás iría a decepcionarte, hija mía.

Abriendo los brazos, ellos se abrazaron con infinito amor, mientras ella agradecía a Dios por tenerlo que vuelta.

Tia Célia

Espiritismo para niños
Autora: Célia Xavier Camargo
Edición 273 – 12 de agosto del 2012

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Página a los padres

Por mayores que sean los compromisos que te sujeten a largas obligaciones, en la esfera de los negocios o en la vida social, consagrarás a la familia las atenciones necesarias.

Recordarás que el hogar es solamente el refugio que el arquitecto te planteó, basando estudios y cálculos en los recursos del suelo.

Encontrarás en él el templo de corazones en que las Leyes de Dios te sitúan transitoriamente el espíritu, con el fin de que aprendas las ciencias del alma en el intervalo doméstico.

“Honrarás a tu padre y a tu madre…” proclama la Escritura y de allí se sobrentiende que necesitamos también dignificar a nuestros hijos.

Incluso si ellos, después de adultos, no nos pudieran comprender, nada impide que vayamos a entenderlos y auxiliarlos todo cuanto nos sea posible, sin que por eso necesitemos restringir los planes superiores de servicio que nos alimentó el corazón.

Reconociendo el débito impagable hacia tus padres, los benefactores que entrelazaron en el mundo la felicidad de la cuna, darás a tus hijos con la luz del ejemplo del deber bien cumplido, la debida oportunidad para el intercambio de impresiones y de experiencias.

Si aún no consigues darles el culto en el Evangelio en el hogar, serenándoles las preguntas y ansiedades, con las enseñanzas de Cristo, no te olvides del encuentro sistemático en familia, por lo menos semanalmente, con el fin de atenderles las necesidades del alma.

Detente a registrarles las indagaciones infanto-juveniles, lóales los proyectos edificantes y estimúlales el ánimo a la práctica del bien.

No abandones tus hijos a la onda peligrosa de las pasiones irrefrenables, bajo el pretexto de garantizarles personalidad y emancipación.

Ayúdales y habilítales espiritualmente para la vida de hoy y de mañana.

Sobre todo, no postergues los momentos de hablarles y escucharles, pues la hora de la tormenta de las pruebas en el viaje en la Tierra, se abate más tarde o más temprano, sobre la fuente de cada uno, como un examen de resistencia moral en la obra de mejoría, rescate y perfeccionamiento en que nos encontramos inmersos.

Persevera  en el aviso y en la instrucción, en el cariño y en la advertencia, mientras la situación te favorece, ya que muy difícilmente conseguimos escucharnos los unos a los otros en caso de tumulto o tempestad, incluso porque enseñar equilibrio, cuando el desequilibrio ya se ha instalado, significa en la mayoría de las veces, un trabajo a destiempo o un auxilio tardío.

Espíritu: Emmanuel  Psicografia: Francisco Cândido Xavier Libro: Familia

Traducción: Claudia Bernardes de Carvalho

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