semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

Educar y Amar

amar-a-los-demasEl mundo de los niños es diferente del mundo de los adultos. Es un mundo de sueños y de aspiraciones nobles. Un mundo amoroso, lleno de ternura y ansiando comprensión. Kardec escribió que los niños son espíritus que se presentan en el mundo con los vestidos de la inocencia. Espíritus maduros que se hacen pequeñitos y tiernos para poder entrar en el Reino de los Cielos. Regresan a la fuente de la vida, se renuevan en las aguas pulidas de la esperanza, recomienzan la existencia con grandes planes de trabajo delineados en lo íntimo. Son frágiles y parecen puros por que precisan atraer el amor de la gente grande. Carecen de amor e imploran cariño.

Las investigaciones pedagógicas entre las tribus salvajes revelan que los niños de las tribus, al contrario de lo que suponían algunos teóricos, no eran tratados con brutalidad sino con reserva y cariño. Para el salvaje el niño era como un extranjero que llega a la tribu, pero un extranjero que puede ser un amigo. Antes de integrarlo en la vida social ellos los mantenían en observación, procurando atraerlos con amor. Después de los rituales de integración, los adolescentes continúan siendo encarados con ternura y tratados con cariño.

La finalidad de esas investigaciones es favorecer el descubrimiento de la verdadera naturaleza de la educación. En los pueblos civilizados la educación aparece muy compleja, revestida de numerosos artificios técnicos y teóricos, perturbada por sofismas y sujeta a intereses múltiples. En los pueblos salvajes ella podría ser observada en la fuente, está aún pura y desnuda como la verdad. Es lo que las investigaciones revelan que la educación, en su verdadera esencia, un acto de amor por el cual las consciencias maduras actúan sobre las inmaduras para elevarlas a su nivel.

Educar es amar, por que la mecánica de la educación es la ayuda, el amparo, el estímulo. La vara, el indicador, la palmadita, las descomposturas y los gritos pertenecen a la domesticación y no a la educación. La violencia contra el niño es un estímulo negativo que despierta sus reacciones inferiores, despierta la fiera del pasado en la criaturita vestida de inocencia que Dios nos envió. Solo el amor educa, solo la ternura hace que las almas crezcan en el bien.

El peligro del ejemplo

El comportamiento de los adultos, no solo en relación con los niños sino también alrededor de los niños, tiene sobre ellos un poder mayor de lo que generalmente pensamos. El ejemplo es una didáctica viva. Por esto mismo es peligroso. Acostumbramos decir que los niños aprenden con facilidad las cosas malas y difícilmente las buenas. Y es verdad. Pero la culpa es nuestra y no de los niños. Nuestros ejemplos ejercen mayor influencia sobre ellos que nuestras palabras. Nuestra enseñanza oral es casi siempre falsa, insincera. Enseñamos lo que no hacemos y queremos que los niños sigan nuestras palabras. Pero ellos no pueden hacer esto porque aprenden mucho más por la observación, por el contagio social que por nuestra palabrería vacía.

Renouvier decía que aprender es hacer y hacer es aprender. Nosotros mismos, los adultos, solo aprendemos realmente alguna cosa cuando la hacemos. En la niñez el aprendizaje está en función de su instinto de imitación. La niña imita a la madre (y a la profesora), el niño imita al padre (y al profesor). De nada vale la madre y el padre, la profesora y el profesor enseñaren buen comportamiento si no dieren ejemplo de lo que enseñan. Las palabras entran por un oído y salen por el otro, pero el ejemplo queda, el ejemplo cala en el alma infantil. Tagore, el poeta, decía que el niño se alimenta del suelo social por las raíces de la especie, pero que también extrae de la atmósfera social la clorofila del ejemplo. El psiquismo infantil es como una fronda abierta en el hogar y en la escuela, agotando ávidamente las influencias del ambiente.

J.Herculano Pires
Extraído del libro “Pedagogía espirita”

 

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LOS PADRES COMO JARDINEROS

el-principitoEn efecto, en el planeta del principito había, como en todos los demás planetas, hierbas buenas y malas. Por lo tanto, semillas buenas, de hierbas buenas; semillas malas, de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le antoja despertar.

Entonces se despereza y tímidamente lanza hacia el sol una ramita inofensiva. Si se trata de un rosal o un rábano, podemos dejar que crezca como quiera. Pero cuando se trata de una planta mala, es preciso arrancarla inmediatamente, tan pronto como se la pueda reconocer.

* * *

Podemos leer en las palabras del inspirado Saint-Exupéry una síntesis sobre la educación. Los padres somos como los jardineros y cuanto más atentos y dedicados seamos, más bello podrá ser nuestro jardín. Nuestros vástagos traen semillas invisibles, plantadas en otras eras – son sus tendencias. Están debajo de la tierra. Nadie sabe lo que son y cuando se manifestarán. No son tierra virgen. Solo una mirada apresurada y desatenta juzga de esa manera. Y cuando esas primeras tendencias emergen solo el jardinero alerta, que cuida de la planta todos los días, consigue percibir.

Hay cultivadores que solo van a notar sus plantas después de crecidas, cuando las ramas ya están fuertes, cuando la poda de lo que no es bueno ya se hace mucho más difícil. No solo eso. También pierden el placer de verlas en todas sus etapas de desarrollo, con sus peculiaridades y bellezas. Sin embargo, quien está allí con los ojos en la tierra, pronto se da cuenta, y si no es cosa buena como un rosal o un rábano, intenta podarla pronto.

Eso significa que las tendencias negativas cuando son observadas y trabajadas desde una edad temprana, tienen más probabilidades de ser modificadas. El trabajo es arduo, pero cuanto antes se empiece, más amplias serán las posibilidades de éxito. ¿Por qué estás actuando así, hijo mío? ¿Tienes idea de cómo el otro está sintiéndose con lo que hiciste? ¿No es mejor dividir? ¿Estás con rabia? ¿Vamos a hablar de ello?

Podar, en el lenguaje aquí utilizado no significa reprimir los sentimientos negativos o prohibir a los niños y jóvenes sentir eso o aquello. No, eso solo agrava la cuestión. La poda aquí es un aparar cuidadoso, un enfrentamiento de los contenidos íntimos que se hace abiertamente incluso, a veces, con la ayuda de profesionales del área, según el caso. Recriminar o prohibir, simplemente, ese o aquel sentimiento o comportamiento sin haberlos trabajado, sin buscar comprender sus matrices en los niños, trae enormes perjuicios como represiones y frustraciones.

El cuidador del huerto atento celebra la llegada de las plantas buenas y trata de regarlas, darles luz y buenas condiciones para que crezcan con vigor.

Los buenos padres refuerzan los comportamientos positivos de sus hijos y no solo corrigen y castigan todo el tiempo. ¡Felicitaciones por tu esfuerzo! ¡Mereciste esa victoria! ¡Es mérito tuyo! ¡Me gustó mucho esa actitud tuya! ¡Haz eso siempre! Has actuado correctamente en esa situación. ¡Estoy muy feliz!

Es un trabajo del día a día, es un cuidado minucioso con cada hijo, atendiendo cada planta en su necesidad específica, ya que esa planta tiene ciertas características y aquella tiene otras. Es un verdadero arte. Por eso, como padres, no les descuidemos. Si asumimos esa misión tan importante, seamos los mejores jardineros posibles dentro de nuestras posibilidades y limitaciones.

Redacción del Momento Espírita, basado en texto del libro O pequeno Príncipe, de Antoine de Saint-Exupéry, ed. Agir.

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