semillas del futuro

Educación Espírita Infancia, Juventud y Familia C.E. León Denis

Madre Teresa y los niños

“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…
en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño,
perdurará siempre la huella del camino enseñado.”

Madre Teresa de Calcuta

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Página a los padres

Por mayores que sean los compromisos que te sujeten a largas obligaciones, en la esfera de los negocios o en la vida social, consagrarás a la familia las atenciones necesarias.

Recordarás que el hogar es solamente el refugio que el arquitecto te planteó, basando estudios y cálculos en los recursos del suelo.

Encontrarás en él el templo de corazones en que las Leyes de Dios te sitúan transitoriamente el espíritu, con el fin de que aprendas las ciencias del alma en el intervalo doméstico.

“Honrarás a tu padre y a tu madre…” proclama la Escritura y de allí se sobrentiende que necesitamos también dignificar a nuestros hijos.

Incluso si ellos, después de adultos, no nos pudieran comprender, nada impide que vayamos a entenderlos y auxiliarlos todo cuanto nos sea posible, sin que por eso necesitemos restringir los planes superiores de servicio que nos alimentó el corazón.

Reconociendo el débito impagable hacia tus padres, los benefactores que entrelazaron en el mundo la felicidad de la cuna, darás a tus hijos con la luz del ejemplo del deber bien cumplido, la debida oportunidad para el intercambio de impresiones y de experiencias.

Si aún no consigues darles el culto en el Evangelio en el hogar, serenándoles las preguntas y ansiedades, con las enseñanzas de Cristo, no te olvides del encuentro sistemático en familia, por lo menos semanalmente, con el fin de atenderles las necesidades del alma.

Detente a registrarles las indagaciones infanto-juveniles, lóales los proyectos edificantes y estimúlales el ánimo a la práctica del bien.

No abandones tus hijos a la onda peligrosa de las pasiones irrefrenables, bajo el pretexto de garantizarles personalidad y emancipación.

Ayúdales y habilítales espiritualmente para la vida de hoy y de mañana.

Sobre todo, no postergues los momentos de hablarles y escucharles, pues la hora de la tormenta de las pruebas en el viaje en la Tierra, se abate más tarde o más temprano, sobre la fuente de cada uno, como un examen de resistencia moral en la obra de mejoría, rescate y perfeccionamiento en que nos encontramos inmersos.

Persevera  en el aviso y en la instrucción, en el cariño y en la advertencia, mientras la situación te favorece, ya que muy difícilmente conseguimos escucharnos los unos a los otros en caso de tumulto o tempestad, incluso porque enseñar equilibrio, cuando el desequilibrio ya se ha instalado, significa en la mayoría de las veces, un trabajo a destiempo o un auxilio tardío.

Espíritu: Emmanuel  Psicografia: Francisco Cândido Xavier Libro: Familia

Traducción: Claudia Bernardes de Carvalho

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Delante de la Infancia

Incuestiónablemente, la respuesta de los Mentores de la humanidad al Codificador del Espiritismo es de suma importancia en los cuadros de la vida como la encontramos en el planeta terreno. El espíritu que renace en nuevo cuerpo carnal tiene por meta perfeccionarse, teniendo por lo tanto los padres y otros seres adultos la incumbencia de conducirlo, de orientarlo en la vida para la Vida, instruirlo para superar la propia ignorancia, de liberarlo de las tinieblas para conducirlo a la Luz de Dios, y todo esto es lo que se llama educación.

Desafortúnadamente, en la gran mayoría dos casos, los individuos que reciben el espíritu en la fase infantil y que tienen el deber de nortearlo por la vida, no se aperciben de su espiritual realidad. Algunos suponen que las niños son seres vírgenes, recién creados por Dios — esto, cuando admiten la existencia de Dios —, y que, de esa forma, son tablas en blanco donde todo comenzará a ser escrito por los padres, iniciándose todo el proceso de la individualidad. Muchos creen que las niños sean verdaderos clones, patrimonios de sus genitores, y que, por esto, deberán seguir los modelos por éstos establecidos, como copia humana de viejos caracteres.

Incontables criaturas, ignorando las leyes que regulan las afinidades entre espíritus o grupos de espíritus, piensan que las niños son meras conformaciones hereditarias de los padres, en régimen de totalidad, o sea, heredan no solamente elementos biológicos y o de postura, sino también, las características morales de ellos, lo que determinaría que padres intelectuales y dignos generarían, obligatoriamente, hijos con los mismos trazos, mientras que padres acelerados e incultos, desde sus ancestros, generarían retoños portadores de iguales componentes intelecto-morales, y así por delante. Y desfilan teorías filosóficas, psicológicas, antropológicas y religiosas, intentando establecer parámetros para explicar quienes son los hijos en relación a sus padres, y el porqué de tantas diferencias donde se esperaban similitudes o de tantas semejanzas, donde todo parecía dado a ser diferente.

El pensamiento del Espiritismo, a tal respecto, es que el ser que los genitores conducen en sus brazos cariñosos, es un milenario viajero de la evolución hacia el Creador, estando en la Tierra para el esfuerzo de la auto-superación, de la reestructuración del carácter moral, y pulimento intelectual, como alumno que asiste a las clases en el gran escuela del mundo. Para la Doctrina Espírita, la aparente inocencia de la infancia oculta bagajes sedimentados a lo largo de siglos y siglos de caídas y levantadas, adquiriendo así experiencias importantes en la ruta de la Vida Grande. De esa forma, educarla significará trabajar para podar o inhibir la acción de los elementos perniciosos traídos en su ser, al mismo tiempo en que se incrementará e incentivarán las conquistas felices, maduras, ennoblecidas que demuestre.

Espíritu Camilo

Médium Raúl Texeira
Extraído del libro “Desafíos de la Educación”

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Carta del niño al hombre

Construiste palacios que causan admiración a la Tierra; entre tanto, si me dejas a la intemperie porque me faltan medios para pagar hospedaje, probablemente durante la noche me helaré de frío.

Multiplicaste los graneros de frutos y cereales de modo de garantizar tus propias riquezas; sin embargo, si me niegas un lugar en la mesa porque carezco de dinero para pagar el pan, me temo que moriré de hambre.

Erigiste universidades maravillosas, pero si me cierras la puerta de la educación porque no dispongo de una llave de oro, temo caer en el crimen sin notarlo.

Creaste hospitales gigantescos; no obstante, si no me defiendes de las garras de la enfermedad porque no te muestro una tarjeta de crédito, descenderé muy temprano al torbellino de la muerte.

Proclamas el bien como base de la evolución; aún así, si no eres paciente conmigo porque yo te desprecio, probablemente hoy mismo he de caer en la celada del mal, como un ave desprevenida cae en el lazo del cazador.

En nombre de Dios al que dices amar ¡compadécete de mí!…

Ayúdame hoy para que yo te ayude mañana. No te pido lo máximo que tal vez alguien vaya a pedirte, en mi beneficio…

Ruego nada más que lo mínimo de lo que estás en condiciones de darme, para que yo pueda vivir y aprender.

MEIMEI

Extraído del libro “El espíritu de la verdad”

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La Educación

Educa al terreno y tendrás el harto pan.

Educa al árbol y recibirás la bendición de la abundancia.

Educa a la minería y obtendrás la utilidad de alto precio.

Educa a la arcilla y plasmarás el vaso noble.

Educa a la inteligencia y alcanzarás la sabiduría.

Educa a las manos y acentuarás la competencia.

Educa a la palabra y cosecharás simpatía y cooperación.

Educa al pensamiento y te conquistarás a ti mismo.

Sin el alfabeto anochece el espíritu.

Sin el libro fallece la cultura.

Sin el mérito de la lección, la vida sería animalidad.

Sin la experiencia y la abnegación de los que enseñan, el hombre no rompería las fajas de la infancia.

En todas partes, vemos la acción de la Providencia Divina, en el perfeccionamiento del Alma Humana. Aquí es el amor lo que edifica. Además, es el trabajo lo que perfecciona. Más adelante es el dolor que regenera. Mis amigos, la Tierra es nuestra escuela milenaria y sublime.

Jesús es Nuestro Divino Maestro. El espiritismo sobre todo, es obra de educación. Hagamos de la educación con Cristo, el culto de nuestra vida, para que nuestra vida pueda educarse y educar como el Señor, hoy y siempre.

Espíritu: Emmanuel
Médium: Francisco Cândido Xavier

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EN FAMILIA

La familia consanguínea es labranza de luz del alma, dentro de la cual triunfan solamente aquellos que se  revisten de paciencia, renuncia y buena voluntad.

De cuando en cuando, el amor nos congrega, en pleno campo de la vida, regenerándonos la siembra del destino.

Generalmente, no se reúnen a nosotros los compañeros que ya demandaron a la esfera superior dignamente aureolados por vencedores, y si amigos afines menos estimables de otras épocas, para restaurar el tejido de la fraternidad, indispensable al abrigo de nuestra alma, en la jornada para lo Alto de la vida.

Muchas veces, en la condición de padres y hijos, cónyuges o parientes, no pasamos de deudores en rescate de antiguos compromisos.

Si eres padre, no abandones a tu hijo en los procesos de la naturaleza animal, como si  fuera menos digno de atención que la hortaliza de tu casa. El niño es un “trato de tierra espiritual” que devolverá lo que aprende, invariablemente, de acuerdo con la siembra recibida.

Si eres hijo, no desprecies a tus padres, relegándoles al olvido y subestimándoles los corazones, como si estuviesen en desacuerdo con tus ideales de elevación y nobleza, porque también, un día necesitarás la ajena comprensión para que se te perfeccione en la individualidad la región presentemente menos burilada y menos atendida. La criatura en el acaso de la existencia es el espejo de tu propio futuro en la Tierra.

Aprende a usar la bondad, en dosis intensas, ajustándola al entendimiento y a la vigilancia para que tu experiencia en familia no desaparezca en el tiempo, sin provecho para el camino a trillar.

Quien no auxilia a algunos, no se halla habilitado al socorro de muchos.

Quien no tolera un pequeño disgusto doméstico, sabiendo sacrificarse con espontaneidad y alegría, a beneficio del compañero de tarea o del hogar, en vano se erguirá por salvador de criaturas y situaciones que él mismo desconoce.

Cultiva el trabajo constante, el silencio oportuno, la generosidad sana y conquistarás el respeto de otros, sin lo cual nadie consigue ausentarse del mundo en paz consigo mismo.

Si no practicas en el grupo familiar o en el esfuerzo aislado a la comunión con Jesús, no te demores a buscarle en el vecindario, la inspiración y la directriz.

No pierdas el tesoro de las horas en reclamaciones improductivas o destructivas.

Busca entender y auxiliar a todos en casa, para que todos en casa te entiendan y auxilien en la lucha cotidiana, tanto cuanto les sea posible.

El hogar es el puerto de donde el alma se retira para el mar alto del mundo, y quien no transporta en el corazón el rastro de la experiencia difícilmente escapará al naufragio parcial o total.

Busca la paz con los otros o a solas.

Recuerda que todo día es día de empezar.

Por el Espíritu Emmanuel. Psicografia de Francisco Cândido Xavier.

Libro Familia. Lección nº 01. Página 15.

Revisado: Elaine Lettiere

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